El sector industrial español atraviesa una transformación marcada por la automatización, la electrificación y el aumento de la complejidad operativa en almacenes y plataformas industriales. Todo ello está impulsando una evolución del concepto tradicional de activo industrial hacia infraestructuras cada vez más preparadas, para responder a nuevas exigencias energéticas, regulatorias y tecnológicas.
Según Accolade, inversor europeo en infraestructuras y parques industriales de vanguardia, factores como la capacidad energética, la adaptación a nuevas normativas de seguridad o la preparación tecnológica de los activos están ganando peso tanto para operadores como para inversores, redefiniendo progresivamente el valor de los parques industriales modernos.
En este escenario, el grupo identifica cinco factores que ya están redefiniendo su valor.
Adaptación a nuevas exigencias de seguridad y resiliencia operativa
La evolución de la actividad industrial está aumentando las exigencias en materia de seguridad y gestión del riesgo dentro de las plataformas. El incremento de la densidad de almacenamiento, la presencia de mercancías cada vez más diversas y la necesidad de garantizar la continuidad operativa están impulsando una revisión progresiva de los estándares de seguridad en el sector.
En España, por ejemplo, los operadores, los inversores y las aseguradoras siguen especialmente pendientes de la actualización del Reglamento de Seguridad Contra Incendios en los Establecimientos Industriales (RSCIEI), una normativa llamada a adaptar los requisitos de protección contra incendios a las nuevas dinámicas operativas y tipologías de almacenamiento de la actividad industrial.
Esto está provocando que la capacidad de los activos para responder a futuras exigencias regulatorias y minimizar riesgos operativos empiece a apreciarse como un elemento cada vez más relevante dentro de las decisiones inmobiliarias y de inversión.
Capacidad energética y acceso a red como nuevo factor estratégico
La electrificación progresiva de buena parte de la actividad industrial está incrementando significativamente las necesidades energéticas del sector. Infraestructuras de recarga para vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento energético, autoconsumo o nuevas necesidades operativas están aumentando la presión sobre la capacidad eléctrica disponible. De esta manera, factores como el acceso a red, la disponibilidad de potencia o la posibilidad de ampliar capacidad energética empiezan a ganar protagonismo dentro de la planificación y valoración de activos industriales.
De hecho, en algunos mercados europeos, la disponibilidad de capacidad eléctrica ya se está convirtiendo en un factor condicionante para determinadas iniciativas, especialmente en ubicaciones con fuerte concentración de actividad económica e industrial. Además, la creciente complejidad energética está impulsando modelos de gestión mucho más avanzados, orientados a optimizar consumos, reducir costes operativos y mejorar la eficiencia energética de las instalaciones.
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