Cigüeñales Sanz fue fundada el 22 de octubre de 1947 en un pequeño taller del centro de la capital aragonesa por Vicente Irache Torres cuando aún no había cumplido la mayoría de edad. En sus comienzos, la actividad principal de la empresa era la reparación de pequeños cigüeñales de motocicletas y fue en este sector donde empezaron, a principios de la década de los 50, las primeras experiencias exportadoras. Con su hijo al frente la empresa diversifica su riesgo dividiendo su producción al 50% entre los primeros equipos y el mercado aftermarket y migrando hacia piezas de mayor tamaño. Hoy con la tercera generación al frente la empresa mantiene los mismos valores y filosofía: capital 100% aragonés, máxima calidad del producto, internacionalización y diversificación de riesgos. En el campo de la maquinaria han sustituido por completo todas las antiguas máquinas de rectificado universal que operaban con el corindón tradicional por tecnología avanzada de rectificado CBN. Para su proceso de filtración de aceites de rectificado, la empresa confía en ARBOCEL NV00, de Rettenmaier Ibérica, especialista en la fabricación y distribución de fibras técnicas de alto rendimiento.
El origen: Un cigüeñal a cambio de alimentos (1939 - 1980)
La historia de Cigüeñales Sanz arrancó en el complejo escenario de la posguerra española. En 1939, Vicente Irache Torres, con apenas 18 años, comenzó a reparar artesanalmente cigüeñales de motocicletas procedentes de Francia en un pequeño taller del centro de Zaragoza, aceptando alimentos como forma de pago. Oficialmente, la empresa se fundó con su razón social el 22 de octubre de 1947.
A medida que el país avanzaba, el fundador detectó la necesidad de fabricar piezas nuevas. El cigüeñal, considerado "el corazón del motor", requería una precisión absoluta. El primer gran hito productivo llegó con los motores de las motocicletas Sanglas (utilizadas por la Guardia Civil), a lo que siguió el suministro de grandes lotes para grupos industriales, barcos, frigoríficos de línea blanca y, finalmente, componentes para la marca SEAT. Este último cliente impulsó de manera definitiva los estándares de calidad de la firma.
La plantilla pasó de un único trabajador a 23 operarios, obligando al traslado de las instalaciones en 1970 al Polígono Cogullada. Sin embargo, la posterior crisis del sector automovilístico nacional y el cierre de clientes estratégicos como Nissan Motor Ibérica a finales de esa década colocaron a la empresa en una encrucijada. Fue el momento en el que se incorporó la segunda generación de la mano de Vicente Irache Asín, quien impulsó un cambio drástico de rumbo: la internacionalización y la especialización en vehículos industriales y motores pesados. “El mundo del motor de coche y moto estaba en declive, estábamos inmersos en una crisis, tanto en España como fuera del país, por lo que mi padre decidió internacionalizar la empresa, y centrar nuestra producción en motores más grandes fabricando cigüeñales de mayor tamaño. Pasamos entonces de producir dos o tres referencias a más de los 500 cigüeñales que producimos actualmente, y de vender en un país España y un pequeño porcentaje en Portugal e Italia, a exportar el 93% de nuestra producción y tener presencia en todos los países del mundo. Esto ha supuesto un trabajo de muchos años, una visión estratégica y mucho esfuerzo. En los años 70 empezamos, en los 90 ya estábamos establecidos, en los 2.000 continuamos la estrategia con éxito y así seguimos en nuestros días” explica María Irache.
Radiografía en 2016: El salto tecnológico y el control del coste
En el año 2016, coincidiendo casi con su 70º aniversario, Cigüeñales Sanz ya se consolidaba en su ubicación actual del Polígono Industrial Malpica (una nave ampliada progresivamente hasta los 15.000 m²), posicionándose tecnológicamente entre las cinco plantas más punteras del mundo en su sector. Ese año IMHE realizó un primer reportaje de la empresa.
Con una plantilla global que rondaba las 90 personas y exportando ya más del 92% de su facturación, la gestión destacaba por varios factores diferenciales.
El primero, y el que marca su principal estrategia, es la diversificación del riesgo: Su modelo de negocio ya combinaba entonces la fabricación para Primer Equipo (OEM), que requería rigurosos muestreos y homologaciones, con el mercado del Aftermarket (repuestos), que trabajaba con ingeniería inversa y contra stock para garantizar una rápida respuesta comercial.
La innovación en procesos también es fundamental para dar respuesta al mercado: La flexibilidad de la fábrica permitía utilizar el taller como banco de pruebas con los fabricantes globales de herramientas. Un ejemplo de ello fue una colaboración con la que se logró realizar operaciones de estriado mediante herramientas estándar en centros de mecanizado comunes, eliminando la necesidad de subcontratar el tallado de piñones.
Y ya entonces era pionera en la Industria 4.0: Mucho antes de que el concepto se masificara, Sanz mantenía todas sus máquinas conectadas vía wifi directamente con sus fabricantes internacionales para solventar incidencias de forma remota, manteniendo esta red completamente aislada de la intranet general por motivos de ciberseguridad.
2026: Nueva dirección, misma filosofía y valores
Llegados a 2026, la compañía ha completado con éxito una de sus transiciones más complejas y emotivas. Tras el triste fallecimiento de Vicente Irache Asín a finales de 2022, su hija María Irache asumió la propiedad y las riendas de la empresa. Tras un periodo de formación operativa de tres años trabajando estrechamente con el director general, Santiago Guzmán, la tercera generación lidera hoy activamente el negocio. “Empecé a trabajar en esta empresa con 17 años a la vez estudié la carrera de Psicología. Como sabía perfectamente que iba a acabar trabajando en la empresa de mi familia, en mi formación decidí aprender conceptos menos aplicados. Desde segundo de carrera asumí los recursos humanos de la empresa, evidentemente, con equivocaciones y aciertos, y fue todo un proceso de aprendizaje en el que también empecé a entender la realidad de la empresa desde dentro. Durante la Covid aproveché para continuar mi formación y me matriculé en dos másteres, uno de liderazgo y autodirección de grupos de trabajo y otro de terapias contextuales que tiene una aplicación muy interesante por explorar en el mundo de la empresa.
Mientras estudiaba esos dos másteres continuaba trabajando en la empresa casi a jornada completa. Mi padre cae enfermo y, en noviembre de 2022, fallece con 63 años, dejando un gran dolor y una empresa muy establecida, y muy reconocida en el mercado por su calidad y por su compromiso con proveedores y clientes”.
Desde entonces, María Irache ha seguido la senda que dejó su progenitor: “éramos y somos una empresa que absolutamente todos los años, ha reinvertido el beneficio que ha generado”.
Ha mantenido la estructura y filosofía intactas: “El capital se mantiene 100% aragonés. La producción se concentra en una plantilla optimizada de 60 profesionales (40 en planta de fabricación). El coste no lo determina la mano de obra, sino la alta inversión en maquinaria necesaria para sostener la máxima calidad del mercado”.
También continua con la estrategia del equilibrio 50/50 en la producción: “Mantenemos con firmeza la regla de oro de la diversificación que estableció mi padre. La mitad de la producción se destina a Primeros Equipos (marcas de primer nivel internacional) y la otra mitad protege al negocio desde el aftermarket, evitando que la compañía dependa de las decisiones de unos pocos gigantes corporativos”.
Trazabilidad total y calidad máxima del producto
En Sanz cada cigüeñal que fabrican cuenta con un número de serie vinculado no solo a la pieza, sino a los parámetros exactos de todo su proceso productivo.
“Desde hace más de diez años, Cigüeñales Sanz cuenta con un sistema de trazabilidad digital completamente automatizado. Cada cigüeñal dispone de una identificación individual, y tanto los parámetros de fabricación como las mediciones y controles realizados durante el proceso se registran directamente desde las máquinas y equipos al sistema informático. Esto permite reconstruir con precisión el historial completo de cada pieza y convierte la trazabilidad en una herramienta fundamental de control de calidad, fiabilidad y respuesta industrial”.
Se aplican controles metalográficos rigurosos a mitad de proceso (controlando el espesor de la capa en la etapa crítica del temple por inducción mediante microscopía) y ensayos mecánicos de fatiga (flexión y torsión) al final de la línea para los componentes OEM. “Cada vez los clientes quieren más calidad y nosotros invertimos en maquinaria, equipamiento y controles para ofrecérsela. Más allá de la Industria 4.0, en la que seguimos profundizando con todas nuestras máquinas conectadas, al cliente le ofrecemos Trazabilidad Total, por lo que podemos facilitarle toda la información de su producto, desde cuando era un tocho de acero hasta la entrega en su planta de producción”.
María Irache ha continuado también consolidando la línea de Árboles de Levas (proyecto que nació como una apuesta personal de la anterior generación) e impulsado a la empresa hacia la producción de piezas de gran tonelaje destinadas a generadores de energía y motores marinos de alta potencia (H.H.P). Para ello, la planta se ha reforzado con la sustitución completa del rectificado tradicional de corindón por tecnología de rectificado CBN, incorporando nuevos tornos, varias rectificadoras Junker y maquinaria específica de temple.
Respecto a la transición energética, María Irache está tranquila porque “aunque el ecosistema de la automoción ligera avanza hacia el vehículo eléctrico de batería, el mercado de Cigüeñales Sanz se centra exclusivamente en el vehículo industrial pesado, marítimo y energético, nichos donde la electrificación total es técnicamente compleja y donde los motores de combustión y combustibles alternativos mantendrán un prolongado ciclo de vida”.
Para poder ver el contenido completo tienes que estar suscrito. El contenido completo para suscriptores incluye informes y artículos en profundidad





