La digitalización puede ser parte de la solución al cambio climático, pero el almacenamiento de datos digitales que nunca se utilizan también puede consumir una enorme cantidad de energía y, como resultado, producir CO2 que no tendría por qué ser desperdiciado. Veritas Technologies estima que 5,8 millones de toneladas de CO2 serán innecesariamente enviadas a la atmósfera con el almacenamiento de este tipo de datos solo durante este año. Para proteger el planeta de estos residuos, las empresas deben poner en marcha sus estrategias de gestión de datos, utilizar las herramientas adecuadas para identificar qué datos son valiosos y eliminar de sus centros de datos el “Dark Data”.
De promedio, el 52% de todos los datos almacenados por las organizaciones en todo el mundo son “oscuros”, ya que los responsables de su gestión no conocen su contenido o valor. Se ha hablado mucho sobre el coste financiero del Dark Data, pero el coste ambiental, hasta ahora, a menudo se ha pasado por alto. Los analistas predicen que la cantidad de datos que el mundo almacenará crecerá de 33 ZB en 2018 a 175 ZB en 2025. Esto implica que, a menos que la gente cambie sus hábitos, habrá 91 ZB de datos oscuros en cinco años, cuatro veces más que el volumen que tenemos hoy, con toda la energía asociada a la alimentación de la infraestructura en la que vive.
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