La fuga de talento supone para las empresas una pérdida económica de hasta un 20% del salario anual del trabajador fugado, según un estudio del Center for American Progress. Pero los perjuicios no se reducen a los costes económicos salariales y a los del inicio de un nuevo proceso de selección, sino que supone una fuga de conocimiento, la redistribución de funciones entre el resto del equipo y un proceso de integración de la nueva persona en el puesto y en la cultura empresarial que genera desconcierto e inseguridad incluso en los clientes. Sin embargo, herramientas como el coaching profesional permiten actuar sobre algunas de las principales causas de dicha fuga.
El talento huye de las empresas cuando no existe un clima de confianza y falta libertad para el desarrollo de la carrera profesional. Pero dicha fuga tiene un precio, mayor cuánto más alta es la posición del trabajador en la empresa. Con la incorporación de las generaciones Z, Y y millenial, que albergan nuevas expectativas hacia el mercado de trabajo y tremendas dosis de creatividad y capacidad de adaptación a entornos en constante cambio, la labor de retención y estabilidad de la plantilla resulta aún más compleja, de ahí que, para avanzar como corporación en el panorama económico actual, resulten clave las políticas orientadas a la retención de talento.
Según el informe “Tendencias Globales de Capital Humano 2019” de la consultora Deloitte, las empresas son conocedoras de las consecuencias de la fuga del talento, pero no consiguen encontrar las variables para evitarlo.
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